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El potencial educativo del fútbol juvenil

El fútbol y su formación se hallan frecuentemente vinculados a fines educativos (puntualidad, conocer y dominar su propio cuerpo, entablar contactos amistosos, formar un espíritu colectivo, integración, independencia y un comportamiento responsable), objetivos generalmente empleados para destacar el valor de este deporte. Sin embargo, se impone la pregunta sobre cuál es el potencial real del fútbol para una formación pedagógica.
El potencial educativo del fútbol juvenil

El fútbol y su formación se hallan frecuentemente vinculados a fines educativos (puntualidad, conocer y dominar su propio cuerpo, entablar contactos amistosos, formar un espíritu colectivo, integración, independencia y un comportamiento responsable), objetivos generalmente empleados para destacar el valor de este deporte. Sin embargo, se impone la pregunta sobre cuál es el potencial real del fútbol para una formación pedagógica.

¿Qué ventajas pueden sacar para su desarrollo personal los jóvenes de este fantástico juego –que ejerce una fascinación primordial y atracción en ellos– al dejarse guiar regularmente y durante un largo período por formadores especializados?

El fútbol actual atrae a los jugadores por diferentes motivos, pero sobre todo por el placer de jugar. Si deseamos alcanzar buenos resultados de una formación futbolística sin destruir la fuerza pura del juego, instrumentalizando o manipulando a los jóvenes, debemos concentrarnos en los aspectos educativos propios del deporte por naturaleza. En este sentido, el verdadero potencial educativo del fútbol reside en la enseñanza del juego leal (fair play) y del rendimiento.

El formador, que es consciente de su responsabilidad educacional y que aporta a sus jugadores apoyo competente y opiniones constructivas certeras, contribuye decisivamente en el desarrollo de la personalidad de los juveniles.

La enseñanza del juego leal (respeto)

El contacto corporal forma parte del fútbol y, en el fragor de la batalla, se tiende a veces a perder el respeto por el jugador adversario. La enseñanza del juego leal se vincula a tales situaciones emocionales, que exigen un gran control de sí mismo; estos intensos momentos conllevan un enorme potencial educativo. El formador debe reconocer tal potencial y encargarse de alentar una actitud respetuosa paso a paso, merced a su influencia educativa. Se requiere la capacidad de asumir el papel de los jugadores, además de un perfecto conocimiento de las Reglas de Juego y de conducta.

La enseñanza del rendimiento (confianza en sí mismo)

El segundo punto importante de la formación es la enseñanza de la capacidad de rendir. Desde el punto de vista pedagógico, el objetivo principal de dicha capacitación no es de ninguna manera el rendimiento propiamente dicho, ni siquiera la consecución de goles y victorias, sino que el jugador confíe en sí mismo. El fútbol ofrece infinidad de posibilidades para imponerse y acrecentar la confianza con cada acción lograda. La confianza en sí mismo es lo que se desea a todos los jóvenes, y no solamente como jugadores. «No hay atajo sin trabajo» en el fútbol. La entrega y la voluntad forman parte de la prestación, pero no en el sentido de resultados, sino más bien en el sentido de esfuerzo y entrega por este maravilloso deporte.

No obstante, el reverso de la moneda es que los fracasos continuos de un jugador pueden causar un sentido de inferioridad y reforzar así las reacciones negativas del formador y de los compañeros respecto a los errores. La enseñanza del rendimiento es un aspecto que permite ganar confianza en sí mismo. Por consiguiente, el formador enfrenta una difícil tarea pedagógica y debe dar prueba de gran sensibilidad. Es solamente de esta manera que puede mostrar a los jugadores que cada pequeño éxito, basado sobre el esfuerzo y la entrega, conducirá a una acción de juego exitosa. Además, los puede alentar a superarse continuamente y a tomar cada vez mayor confianza.

Los efectos reales de la formación por medio del fútbol:

El proceso formativo a través del fútbol es siempre una acción delicada. Por más que se empeñe a fondo, el formador nunca tendrá la certeza de que su enseñanza produzca el resultado deseado. La intención y el resultado no siempre se complementan, pese a la mejor voluntad, lo cual es el motivo de que la formación conlleve un riesgo de fracaso. De hecho, esto se produce con mayor frecuencia de lo deseado: en ciertos casos, lamentablemente el fútbol puede influir negativamente en la personalidad del jugador y proporcionarle valores erróneos y antideportivos.

El hecho de que la formación futbolística tenga solo un efecto positivo en los jóvenes jugadores no es –o al menos no siempre– el caso.

La educación mediante el fútbol: una opción muy poco utilizada

Numerosos niños y niñas se entusiasman cada vez más por el fútbol, lo convierten en parte de su vida y su motivación es enorme. El continuo aumento del número de niños y juveniles afiliados a clubes demuestra la popularidad de este deporte. Una orientación unilateral hacia elevadas metas deportivas y las competiciones correspondientes entraña ciertos peligros, tales como una actitud desconsiderada, agresión frente al adversario, el dopaje, la manipulación de partidos y la corrupción. Esto requiere toda nuestra atención para que nuestra juventud aprenda a conocer y amar este deporte, y debemos alentarla a desarrollar un enfoque crítico y a no solo considerar el fútbol como mero espectáculo atractivo, tal cual nos hacen creer los medios de comunicación. El fútbol puede contribuir al desarrollo de la personalidad de los jóvenes, pero deberá igualmente abordar los problemas actuales del mundo futbolístico. Gracias a la fuerza de atracción del juego, las posibilidades pedagógicas son excelentes para los formadores, ya que gozan de gran estima en los clubes y entre los jóvenes jugadores. Los juveniles toman a su entrenador como modelo e incluso le confían sus problemas privados, lo cual constituye una buena condición previa para una formación eficaz.

La fuerza mental

Ser resoluto, asumir riesgos, manifestar agresividad y ser solidario en el juego o, por lo contrario, dejarse desmotivar tras cada duelo perdido, carecer de voluntad, dudar de sí mismo, tener miedo de rematar a la meta contraria y la falta de concentración son todas actitudes mentales que se constatan en los jugadores durante un partido o una sesión de entrenamiento. Las actividades mentales negativas tienen por consecuencia una disminución del rendimiento, así como una aminoración en el aprendizaje y en la evolución de los jugadores. Los futbolistas de categoría se diferencian de los jugadores mediocres por un mejor manejo de sus capacidades mentales. La fuerza mental, con sus diferentes factores, es una de las piezas decisivas del talento y rendimiento del jugador

Los factores de la fuerza mental

El entrenamiento de la actitud mental

En los jóvenes talentos e incluso en los futuros profesionales, frecuentemente se constatan lagunas mentales durante los partidos. Con una preparación mental regular y repetitiva, se pueden alcanzar progresos al igual que en otros campos, aunque los límites sean más definidos. En efecto, ciertos déficits mentales (por ejemplo, la falta de agresividad) son inherentes a la personalidad del individuo y no pueden modificarse en el contexto de un entrenamiento habitual. Es aquí donde se requiere la ayuda de un psicólogo deportivo. Durante el entrenamiento, dependiendo del ciclo y del tipo de sesión, el entrenador puede conceder prioridad a la actitud mental. Existe la posibilidad de asociar un objetivo mental con otros objetivos de entrenamiento, conservando los ejercicios habituales.

Ejemplo:

a) Juego de desmarque 5 contra 5, con 2 comodines. El entrenador puede acentuar el objetivo mental del juego (concentración, comunicación) e introducir consignas especiales para aumentar el nivel de concentración y de lucidez de los jugadores, así como la comunicación entre ellos.

b) Juego de 9 contra 9, con dos arcos y dos porteros. Duración: 30 minutos. A diez minutos del término, el resultado es 3 a 2 a favor del equipo azul. El entrenador puede entonces trabajar la actitud mental del equipo amarillo (competitividad, autocontrol, solidaridad), el cual jugará con 10 jugadores contra 8 contrarios para remontar el resultado. El equipo azul deberá resistir y dominar la presión, y jugar aún con mayor firmeza colectiva para mantener la ventaja.

c) Los intensos ejercicios de condición física entrañan frecuentemente aspectos mentales evidentes: voluntad, agresividad, resistencia a la fatiga, superarse a sí mismo (resistencia psicológica).

Otros sectores y objetivos que pueden combinarse:

– trabajo técnico, combinado con: concentración, lucidez y autoconfianza;

– trabajo táctico, combinado con: voluntad de aprender, jugar para el equipo, y estricta adherencia a las instrucciones;

– duelo de uno contra uno, combinado con: agresividad, sentido de combate, voluntad;

– juegos de práctica para la concentración, combinados con: asunción de riesgo, determinación, autoconfianza y creatividad;

– etc.

De modo que los ejercicios o los juegos de práctica no constituyen realmente los aspectos más importantes, sino la dirección técnica del entrenador, quien debe reconocer el momento oportuno para identificar el origen del «estado mental» de acuerdo con el fracaso de la actividad o a una disminución de la motivación.

Ejemplo:

– Si existe carencia de combatividad en un juego de práctica:

• puede impartir consignas para aumentar el número de duelos y el ritmo del juego;
• puede otorgar mayor valor a los goles marcados.

– Si disminuye la atención:
• puede aumentar la dificultad de la tarea o, por el contrario, disminuirla para favorecer la posibilidad de éxito
• puede cambiar de ejercicio o de actividad.

Las técnicas de la preparación mental

Para optimizar su intervención, el entrenador podrá apoyarse igualmente en técnicas de preparación mental directas, como por ejemplo, utilizar palabras clave fuertes o elegir objetivos más concretos y más realistas. Puede asimismo optar por otros métodos como la relajación, la visualización creativa, la evaluación de rendimientos, etc. Las palabras clave Son palabras que inspiran fuertes cambios emocionales (más eficaces que un discurso).

Ejemplos: agresividad, dinámica, riesgo, calma, control, disciplina.

El poder de la imaginación

 Se trata de una técnica de entrenamiento virtual. Los jugadores pueden inspirarse en las técnicas de visualización creativa. Se desarrolla la capacidad de generar imágenes precisas, claras y controlables. Imagen mental:

– la imagen de una pantera para un jugador que desea desarrollar su agilidad;
– la imagen de las jugadas técnicas de un futbolista célebre a quien se desea emular.

Fijar objetivos

Para ser eficaces, los objetivos deben ser claros, precisos, realistas y mensurables.

La claridad de los objetivos favorece el éxito de todas las actividades de aprendizaje y del entrenamiento.
– Los objetivos deben ser fijados por el entrenador, pero acordados con los jugadores.

Ejemplo: el jugador que anote 15 goles en una temporada, podrá disputar 10 partidos en el primer equipo.

Afirmaciones positivas

El cerebro puede memorizar experiencias sensoriales y motrices. Pronunciar declaraciones negativas refuerza la probabilidad de la aparición de una conducta que se deseaba evitar. Ejemplo: – ¡No debemos perder esta noche! – ¡Debemos ganar esta noche! Evaluación de los rendimientos Es importante saber analizar su propio rendimiento para poner de relieve las aptitudes que se dominan y las situaciones o sucesos que continúan causando problemas: – evaluación mediante crítica constructiva (feedback) externa (por el entrenador); – evaluación mediante crítica constructiva (feedback) interna (autoevaluación). Ejemplo: el jugador puede analizar en vídeo –junto con el entrenador– su actuación en el último partido para sacar la enseñanza necesaria.

La misión del jugador

 Se trata del papel que el entrenador confía al jugador para optimizar la actuación colectiva del equipo:
– la misión del jugador en el campo de juego e, igualmente, fuera del mismo;
– alentar a los jugadores a esforzarse y a asumir responsabilidades. Ejemplo: en caso de una actuación colectiva mediocre, el entrenador ordena al capitán y a los líderes del equipo organizar una reunión con todos los jugadores, con la finalidad de que cada uno de ellos exprese libremente su punto de vista.

 Técnicas de relajación y de energización

 Dichas técnicas permiten al entrenador matizar el nivel de intensidad:

– La relajación:
• disminuye el nivel de intensidad;
• facilita la recuperación física y mental;
• favorece la calma, la visualización y la atención.

– La energización:
• aumenta el nivel de intensidad;
• es extremadamente útil para el entrenamiento.

El entrenamiento autógeno, la sofrología y el yoga son técnicas de relajación muy conocidas en el deporte de alto nivel y recomendables en el ámbito individual.

En conclusión

El desarrollo y la mejora de las actitudes mentales pueden iniciarse ya en la etapa de la formación preliminar de los jóvenes. Mediante la implantación de reglas y consignas a los jóvenes durante las sesiones de entrenamiento, se puede estimular el desarrollo de su enfoque mental. Se sabe que el problema mental es frecuentemente un asunto personal y, por tal motivo, el progreso del jugador acaecerá únicamente mediante un trabajo específico e individual a largo plazo.

La formación a través del fútbol y el desarrollo de la fuerza mental, en el terreno de juego y fuera del mismo, no ocurren automáticamente, y el formador debe ser consciente de que ni el uno ni el otro son el resultado de algunas pocas sesiones teóricas o entrenamientos. Del mismo modo que el sentido táctico y la preparación técnica y física para una competición de alto nivel, la actitud mental y los aspectos de la personalidad deben formar obligadamente parte integrante de la planificación, de la organización y del desarrollo de la formación durante años; en primera instancia de manera integrada, es decir, tanto durante el entrenamiento en el terreno de juego, como igualmente en el contexto de ejercicios específicos. Un formador debe estar preparado para apoyar conscientemente el desarrollo de los jóvenes en situaciones concretas y en consonancia con sus objetivos y valores, asumiendo así la responsabilidad correspondiente. Su función será, en este caso, la de un educador y, por lo tanto, deberá actuar como tal. Mientras que los objetivos educativos obtienen su importancia ante todo en la etapa de la formación preliminar, el desarrollo de la fuerza mental se realizará más bien en la etapa de la formación propiamente dicha o en la formación posterior.

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